jueves, 26 de marzo de 2026

SUELO RESBALADIZO

Vivimos tiempos complicados. La incertidumbre se hace fuerte allí donde es especialmente valorable la existencia de certezas, y la paradoja ocupa el lugar otrora presidido por leyes o principios amparados en sesudas reflexiones, cuando no en el saber que el comportamiento histórico avala. A nadie se le escapa lo traumático que, una vez más, ha sido el cambio de siglo. Desde la caída de las torres en 2001 nada, absolutamente nada, ha vuelto a ser igual. Fue aquello el detonante de una suerte de carrera hacia no se sabe dónde, en la que en algunos momentos de especial desazón sólo con seguir corriendo bastaba, como si en ausencia de un porqué, sólo la mera inercia pudiera erigirse en artífice válido. Artífice de una nueva Moral, de una nueva Ética, si me apuran, de una nueva Religión (o al menos de una nueva interpretación de ésta). Y tal vez por ello que no resulte difícil anticipar, de unas nuevas deidades. Fue que a partir de ese momento que realidades afianzadas colapsaron, siendo sustituidas por certezas amparadas en nuevas formas surgidas, en la mayoría de ocasiones ad hoc, con el fin preciso de convalidar razonamientos que, de haber sido sometidos al juicio crítico de la generación que había precedido a la sometida a criterio, habrían obtenido una valoración similar a la puntuación que recibe un mal monólogo en un bar de carretera un viernes por la noche. Pero para entonces, nos habían cambiado el monólogo, lo que ocurría es que no nos habíamos enterado. Esas nuevas deidades, con los presidentes de España, Estados Unidos y Portugal; se disponían a desentrañar el corolario de lo que bien puede ser visto ahora, que el tiempo transcurrido nos aporta un viso de perspectiva, de una post-verdad cuyo eco resuena de nuevo, ahora con especial estridencia, determinando como entonces nuestra realidad, nuestro futuro. Aquellos no pidieron perdón, y el hecho significativo de que la sociedad que sufrió una y mil veces sus desmanes no fuera capaz de hacérselo pagar, ni siquiera políticamente justifica, cuando no abiertamente determina, que hoy el heredero directo de las consecuencias de ese trío gobierne el mundo, a espaldas del propio mundo, como buen dictador, pero con el agravante ahora de no poder explicar a nadie, creo de hecho que ni al él mismo, las razones que le llevan simplemente a ser como es. Porque si buscamos razones que justificaran el comportamiento de los dirigentes del Trío de las Azores, siquiera el vacuo devenir psicótico del exceso de ego nos sirve para dormir tranquilos. No se trata de que estuviera bien o mal, ni siquiera juzgamos si había o no justificación racional en el comportamiento que habilitó la invasión armada de un país soberano. Se trata de que teníamos una justificación que entraba en los cánones de la psicología convencional, y con eso nos bastaba. Hoy son las certezas que surgen de la aplicación de esa misma psicología las que nos llevan a sentir un pavor más que justificados. Pues nos resulta terriblemente sencillo anticipar cuál va a ser el resultado de esos diálogos entablados no se sabe muy bien con quién, pero que a pesar de ser planteados desde una perspectiva diplomática, en pro de una aspiración de paz, no son sino respaldados con las imágenes de la partida de varios millares de militares que a estas horas se dirigen ya hacia no se sabe dónde, pues el camino que van a recorrer ha sido transitado por otros millares de guerreros en infinidad de ocasiones, con el resultado que la historia nos recuerda cada vez que reunimos la humildad suficiente para consultarla. A propósito, en una de las imágenes de soldados del cuerpo de élite de paracaidista, se observa a varios militares esquivando a un miembro del equipo de limpieza que friega el suelo y que, magistralmente, se parapeta tras un cartel que contiene un aviso: PELIGRO: SUELO RESBALADIZO. Luis Jonás VEGAS.

martes, 24 de marzo de 2026

RADICALES LIBRES

Surgidos como casi todo lo que tiene alguna importancia de lo que se ha dado en llamar “The Big Bang”; los radicales libres se erigen como una fuente de gran importancia a la hora de explicar la conformación de cualquier estructura llamada a ser o a contener vida¸ de ahí su importancia. Con origen en un cataclismo, tal vez no podría ser de otra manera, la existencia no ya del hecho, siquiera del concepto, genera en nuestro devenir una suerte contradictoria de emociones, pues no en vano términos como cataclismo, explosión y por supuesto, radical, generan en nuestra interpretación de la realidad un a priori para nada desdeñable, y desde luego poco alentador. Y la causa, no olvidemos generada desde perspectivas ajenas a nosotros mismos, no es desde luego casual, pues la sensación de desasosiego que suele acumularse en torno a quienes conjugan en su día a día semejante tipo de conceptos no es sino el resultado muy causal de un largo cúmulo de procederes destinados a conformarnos de una determinada manera, toda la cual resulte homogénea, presumible y, desde luego, sencilla de anticipar. En definitiva, un escenario en el que ser radical libre requiera de una inversión vital de tal magnitud que resulte, en sí misma, una misión imposible. Es, por el contrario mucho más eficaz, convencernos de la existencia de una escenario en el que la zona de confort resulte no sólo apetecible y halagüeña, sino manifiestamente recomendable. Definimos así un contexto en el que el modus vivendi que a la sazón resulta lógico en el mismo es, ante todo, una franca contradicción respecto al que sería propio de un escenario en el que las explosiones, y las génesis que le son propias, tendrían lugar. Es así como nos enfrentan a la contradicción, luego está la lógica guiada y, con un ligero empujoncito, quién va a acordarse de la teoría nihilista que parece surgir como conclusión. Pero es aquí donde yo veo y planteo la otra contradicción: ¿Hay algo más radical que ver cómo un estado expulsa a ancianos de sus casas? ¿Hay algo más radical que cambiar de canal durante el informativo de la tele porque las imágenes de niños masacrados dificultan nuestra digestión?..¿Acaso no es radical ver cómo sendos psicópatas se erigen en arquitectos de una nueva realidad cuya puesta en práctica requiere inexorablemente de la desaparición de cualquier vestigio de lo que hasta ahora hemos considerado como el mundo que nos era propio? No sé, llamadme radical. Porque si, como creo, las respuestas que el cuerpo os pide a tales preguntas van por donde me imagino, tal vez haya llegado el momento de conjugar las tesis del Genial Filósofo Alemán, y conciliar con él la conclusión devengada de la certeza por la cual “(…)si radical es el calificativo merecido por los que se toman las cosas de raíz, entonces llamadme radical”. Así que cuando os acusen de cenizos (versión descremada de pesimista petulante); constatéis que la compañía de semejantes se ha vuelto insufrible o, simplemente, lleguéis a la conclusión de que ser alérgico al prójimo que os rodea no sólo no es una enfermedad, sino que llegados los tiempos que corren es prueba irrefutable de que aún tenéis elección. Entonces, amigos (o enemigos míos), habéis cerrado el círculo, habéis vuelto al origen. Sois Radicales Libres. Luis Jonás VEGAS VELASCO.