miércoles, 18 de enero de 2012

LA ÉPOCA DE LAS EPOPEYAS.


18 de enero de 1912. El Capitán SCOTT, acompañado de EVANS, WILSON, BOWETTS Y HAATS, alcanza el Polo Sur. Lamentablemente, fracasa en su hazaña de ser el primero. Sobre el punto de latitud cero, ondea ya la bandera noruega del también aventurero y explorador ADMUNDSEN. Exhaustos y fracasados, emprenden el penoso regreso...

Lamentablemente, nadie volverá a verles con vida. Sus cadáveres serán encontrados congelados, bastantes años después, por una expedición. Lo más importante, su diario, en el que a modo de cuaderno de bitácora, irán plasmando sus experiencias. Las más valiosas, sin duda, la lección de respeto, cortesía y caballerosidad que dejarán para los que les precedan, a destacar máxime si cabe en los momentos más duros.

La historia viene de lejos. De los tiempos, lejanos ya, en los que las naciones podían dirimir sus diferencias encomendando a hombres encomiables, la realización de acciones especiales. Emulando los antiguos momentos de Héroes tales como Aquiles, o el gran Agamenón, otros personajes, si cabe más humanos, y sin duda indiscutible, asumían como propia la trascendencia de todo un Pueblo, lanzándose a la consecución de la Epopeya.

Tal era el ambiente, en otra época, en la que la excesiva prevalencia del Ser Humano sobre el resto de entes con los que compartimos la faz de la Tierra, se manifestaba lanzándose a auténticas aventuras propias del más ilusorio de los guiones cinematográficos que hoy podríamos llegar a imaginarnos. Corrían tiempos en los que los confines de la imaginación quedaba todavía limitado por las propias fronteras terrestres, épocas en las que todavía Julio VERNE seguía siendo el único visionario que había concebido el primero método, y tal vez la primera necesidad real, de llegar a nuestro satélite. Los ingenieros de las V1 y V2 empezaban a aproximarse a éstas lecturas.

Con semejante ambiente, con los ánimos inflamados del tan conocido como poco constructivo fervor patrio, el noruego y el británico se lanzaban respectivamente a la conquista de la última frontera, la que ofrecía el Continente Antártico.

EL resultado es por todos conocido. A finales de diciembre de 1911, ADMUNDSEN alcanzaba su meta, y regresaba triunfal a su patria, convirtiéndose, qué duda cabe, en el héroe de las futura expediciones trans-antárticas. Por el contrario, tal día como hoy, 18 de enero, de 1912, SCOTT llega al punto en el que sólo puede recogerse el lamento que supone llegar segundo a estas carreras en las que sólo compiten dos.

Algunos dirán muchos años después que el error pasó por la elección de los animales que tiraban de los trineos. AMUNDSEN, mejor conocedor de el medio en el que habrían de moverse, eligió perros. Por el contrario, SCOTT se decantó por los caballos. Estos serían pasto de los expedicionarios.

El 16 de febrero, inician la vuelta, con la pesada carga del fracaso obrando de lastre. EVANS es el primero en morir, sale al paso de la eternidad la noche del 6 de marzo. BOWETS le seguirá el día 9.

La última anotación del diario es del día 30 de marzo. Que las ayudas que nunca llegaron, sean convenientemente destinadas a nuestras familias. ¡Dios salve a la Reina.! La Historia, hiriente hasta el final hará que desfallezcan a escasos trescientos metros de uno de los refugios de vituallas que ellos mismos habían dispuesto.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.


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