jueves, 9 de diciembre de 2010

DE CUANDO NO NOS RECONOCEMOS EN NUESTROS ACTOS ...


DE LA NECESIDAD DEL RETORNO AL PASADO, PARA REPLANTEAR EL PRESENTE, O PARA DECIDIR SOBRE EL FUTURO. (NUESTRA POSICIÓN RESPECTO DE ELLO.)


Decía un antiguo proverbio Árabe que a menudo, dar un paso atrás no es síntoma de retroceso, sino la acción del hombre prudente que comprende que tan sólo apoyando sus pies con fuerza en el terreno que ya conoce, será capaz de obtener la solvencia suficiente que le garantice el impulso necesario. Dicho en Román-Paladino, sólo retrocediendo se consigue el impulso necesario para avanzar.


Ante semejante tesitura, resulta sencillo comprobar como a menudo, aquello que conseguimos con nuestras acciones no sólo no se parece a lo que perseguíamos, sino que incluso puede llegar a contradecirlo. Así, puede que nos resulte hasta difícil reconocernos en nuestras acciones. Y si esto es evidente en las acciones, que por definición constituyen una realidad por ende constatable, imaginemos qué puede pasar cuando nos adentramos en el brumoso territorio de las ideas...de las teorías.


A menudo, resulta sorprendente comprobar cómo funcionan las cosas. Así, podemos sorprendernos a diario viendo cómo los silencios más profundos, poseen en realidad los discursos más expresivos; o cómo la palabra más sencilla encierra en definitiva las decisiones más trascendentes.


En todos estos casos, un denominador común encierra la única respuesta que se puede buscar en aquellas preguntas que quedan por hacerse. Sólo el análisis de los hechos, llevado a cabo desde la perspectiva que da el tiempo, es un método eficaz, aunque no infalible, para acercarnos a la veracidad de los hechos no constatados, sino sencillamente experimentados.


Cuando las situaciones descritas se presentan, constituyen en sí mismas no un hecho preocupante. Sin embargo, analizadas de manera coordinada con el resto de situaciones que seguramente componen nuestro día a día, se muestran como la más firme y contundente llamada a la hora de entender que, indudablemente algo peligroso está ocurriendo.

Cuando uno llora por añoranza, su llanto tiene un origen constatable en algo que, si bien se ha perdido, sin duda se disfrutó en algún momento. Cuando te lamentas por algo, lo haces no del hecho sino de las consecuencias que el mismo tiene o puede llegar a tener en lo que te rodea de forma más o menos próxima.


La verdadera desesperanza de hace patente cuando ni tan siquiera eres capaz de identificar la fuente de tus desdichas, o el origen de tus resquemores. Cuando sencillamente tienes una marca física en el hombro, señal del golpe; y una imborrable en el corazón, como claro síntoma de la aceptación de la derrota.


Por cosas como esta, o más concretamente aquellas situaciones que las han motivado, es por lo que he estado lejos, fuera del mundo en cierta manera. Como Ulises, cuando necesita marchar de Ítaca, para comprender la relación que en realidad le une a ella. Para comprender el inequívoco hecho de que los destinos, a veces, es cierto que discurren en apariencia siguiendo sendas diferentes, para acaba luego convergiendo en una única realidad, que no es más real porque podamos así determinarlo, sino porque, implícito en su condición de verdad, va el hecho de que nada puede ni debe alterar semejante hecho.


Luis Jonás VEGAS VELASCO.



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