domingo, 3 de febrero de 2013

DEL PELIGRO DE LAS PASIONES DESMEDIDAS.


O de lo que en Política se denomina “echar espumarajos por la boca”. Sin ser excesivamente gráficos, ni por supuesto desagradables, puede resultar aparentemente sencillo llegar a comprender el sentido de la metáfora cuando tratamos de vislumbrar la elevada dificultad que se presupone de tratar de hacer algo, cuando la vista se encuentra nublada. Y, después, incrementemos proporcionalmente el efecto si consideramos que la labor a desarrollar sea especialmente sencilla, o incurra, por ejemplo, en tremenda responsabilidad.

Entonces, bastará con que escuchemos las farfullas de la arenga protagonizada hoy por el Sr. GONZÁLEZ PONS, y tendremos una idea bastante aproximada de lo que trato de exponer.

Como españoles, llevamos unos días sumidos en el desbarajuste, cuando no en la animadversión. Al igual que niños malcriados a los que acaban de despertar demasiado pronto de una siesta que tal vez se ha prolongado durante demasiado tiempo, gritamos y nos demudamos de manera patente, cuando no ostentosa. Nos han arrebatado la ilusión. Pero no esa ilusión positiva y a la sazón constructiva que preside la acción de todo niño, la cual él mismo en su buen hacer transforma siempre en elementos útiles en tanto que constructivos. Por el contrario hablo de esa otra, la vana ilusión, la que hunde sus raíces en el resquemor que practicamos los adultos, y que rara vez va asociada a nada que no sea la confabulación, si no abiertamente al engaño.
Es esa ilusión, la que nos ha servido durante años, para construir esta ficción, que en muchos casos preside como único ingrediente, del elemento final que nos han dado a considerar como España.

Si somos osados, y durante unos segundos nos detenemos a observarnos a nosotros mismos, comprobaremos cómo, una vez superada la aparente incongruencia, cuando no abiertamente el desasosiego que a priori pueden causar mis palabras, estaremos en condiciones de someter al cristal del análisis fenómenos aparentemente sólidos, o al menos incuestionables, que durante mucho tiempo se han convertido en verdaderas instituciones no tanto para este país, como sí para sus habitantes.
Así, cuestiones como la aparente estabilidad de la Monarquía, o incluso la aparentemente imprescindible cuestión del estatismo constitucional, quedan destapadas cuando se ven analizadas desde esta perspectiva. La causa, su aparente no cuestionamiento, su vigor, se debía más bien a la absoluta falta de consideración al respecto.
Si por el contrario nos dedicamos de repente a cuestionarlas, comprobaremos que no sólo no son tan inalterables como en un primer momento podríamos haber creído. Y en apenas 72 horas estaremos proponiendo reformas.

Evidentemente, no ha pasado jamás por mi cabeza la promoción del estatismo en cualquiera de sus versiones, y mucho menos amparado en el coeficiente reaccionario del que participan todas las ideologías, unas más que otras.

Lo que digo, y resalto a modo de conclusión, es que el camino de destrucción masiva que en su huída hacia delante parece haber comenzado el Partido Popular, bien podría dejar sin punto de retorno, incluso a aquellos que, hipotéticamente, aunque por el bien de todos, puedan salvarse de la presente.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

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