martes, 29 de octubre de 2013

THE WALKING DEATH

Pasan los días, las semanas, incluso los meses. Los años se aproximan, constituyendo con ello un escenario en el que, de manera absolutamente desquiciante, solo los méritos del agorero son los que reciben crédito. Los motivos son tan a la par, evidentes. La bendita crisis, excusa de incompetencias para unos, resultado de conductas impropias para otros, acude de nuevo para extender el que parece ser beatífico manto, no en vano todo lo cura, y permitir que unos y otros sigan su camino.

Pero es precisamente de ahí, de contemplar el camino, su estado, su composición, y por supuesto su destino; de donde a estas alturas podemos ir extrayendo sin duda alguna la idea de que, muy a pesar de algunos, esta crisis ha resultado cuanto más, definitiva.

La fruta verde ha madurado, la madura se ha caído y la que permanecía en el suelo, a la espera de ser recogida, se ha podrido para siempre. Y ha sido así que su esencia, antaño magnífica, se ha visto ahora contagiada de la ponzoña propia de los que han visto demasiado sufrimiento, pasando a convertirse en meros transmisores, en replicantes de todo aquello contra lo que no hace tanto, luchaban con enconado esfuerzo.
Y no es esto lo peor. En su ciclo vital, la lluvia, ácida a la par que radiactiva, como pocas, ha impulsado ese veneno hacia el interior de la que hasta hace no mucho fuera tierra más que fértil, convirtiéndola ahora en poco más que en lodos de cementerio, propensos tan solo a incubar en su seno las eternas promesas de los cipreses que, como eternas plañideras, irrumpen hacia el altísimo sus súplicas, en la vana espera de encontrar respuesta.

Y es pues, en semejante terreno, ante todo abonado, donde una vez más hemos de lanzar, aun a riesgo de resultar estridentes, el canto de los que a base de circunscribir el pasado, pueden anticipar la realidad del futuro.
Una vez ha quedado claro que no son tiempos proclives para la originalidad, en ninguna de sus vertientes, parece pues evidente venir a constatar que ahora más que nunca, corren malos tiempos para poner nada nuevo bajo el sol. Observando así mismo a nuestro alrededor, no hace falta ser un lince para constatar que hoy por hoy, la réplica es lo que vende. La originalidad, o más concretamente la responsabilidad que lleva aparejada cada acción novedosa aparece marcada a fugo con una serie de consignas que la llevan a ser considerada como poco recomendable.

Ante semejante panorama, no hace falta citar de memoria la infausta Reforma Agraria, para constatar que, miremos donde miremos, solo vemos tierra yerma.
Las otrora innovadoras técnicas de labranza, se han visto superadas por la reconciliación para con el extinto barbecho. Las antiguas inversiones en proyectos hídricos, se han visto desbordados por la recuperación de las exiguas norias. ¡Ahora lo único que sobran son burros dispuestos a girar en su derredor!

Y la consecuencia inherente, y quién sabe si el ingrediente que ha forjado los cimientos de la crisis. El hombre se ha visto privado de sus sueños. La constatación evidente de tal hecho, el haber vuelto de la agricultura de excedente, en la que uno tenía aspiraciones; a la economía de subsistencia, en la que sobrevivir al nuevo día constituye, en sí mismo, todo un reto.

Y será así que, la salida de la crisis, lenta, e inexorable, no será en realidad contemplada por ninguno de nosotros. No porque cronológicamente no la sobrevivamos. Más bien será porque, como dijo el sempiterno filósofo alemán “…es así que nadie que se asoma al precipicio puede en realidad esperar que el precipicio no se mire también en él.”

El sol, sin duda, seguirá saliendo. De los árboles, en otoño, seguirán desprendiéndose las hojas. E incluso algún pajarillo incauto osará entonar su vespertino canto mas…¿Quedará no obstante alguien racional para escucharlo?

No digo ya para valorarlo.



Luis Jonás VEGAS VELASCO.


lunes, 30 de septiembre de 2013

ENTERRADOR, UNA DE L AS POCAS PROFESIONES CON FUTURO.

Asistimos con indiferencia, y con franca determinación qué duda cabe, al proceso por el que de manera lenta, a la vez que inexorable, todo lo que conocimos, y que hace algún tiempo, aunque parezca increíble no muy lejano, constituyó nuestra realidad. Aquélla que jamás creímos podría dejar de existir.

Siendo víctimas una vez más, como por otra parte se viene repitiendo desde que el Hombre es Hombre, el mal de la perspectiva, descifrado en términos de Sociología como aquél que se cifra en la incapacidad de un individuo de atisbar el grado de impacto que las circunstancias tienen sobre el momento histórico del que es contemporáneo, cifran un protocolo de actuación comparable al de el surfista que, una vez montado sobre la ola que le corresponde, tan solo puede cabalgarla, manteniéndose inalterable ante cualquier modificación que se pueda dar en la misma, haciendo en tal caso bueno el dicho de que el ignorante ha de morir tal como también ha de hacerlo el erudito, con la diferencia de que la probabilidad de que éste lo haga en la felicidad, es proporcionalmente mucho mayor.

Desde semejante aproximación, nada puede ya obviar el franco tinte de fatalismo que preside la redacción de las presentes líneas.
Decepción, abulia, apatía; conforman sin el menor género de duda el talante del que las presentes rubrica. Y no proceden tales sensaciones de la constatación efectiva de los efectos que la larga cadena de calamidades ha ido promoviendo en mi derredor. Se deben más bien al efecto, o tal vez convendría decir a la ausencia de éstos, que las mismas han causado en el común que me rodea.

Asistimos a la muerte definitiva del sistema. Tal afirmación, habiéndose dado si no con la misma, sí con parecida autoridad, causó hace no mucho poca o más bien ninguna sensación. La misma procedía de un indocumentado, dado quién sabe si a las tautologías (o verdaderamente quién sabe si a algo peor.) Pero para franca desgracia de todos, tales comentarios se han visto desbordados.

Hoy ya nadie cuestiona el colapso del Sistema. La discusión se centra, a lo sumo, en el grado de desaparición del mismo.

Y como ocurre en todos los grandes colapsos a los que la Historia ha tenido a bien invitarnos, éste procede, como no podía ser de otra manera, de la acción concatenada que ha tenido el desencadenamiento de variables neta y absolutamente  internas.

La corrupción, en sus diversas variables y acepciones (ya da igual personas que Partidos). La pérdida de confianza en las instituciones, (véase la actuación de estructuras como el Tribunal de Cuentas en su control de los Partidos, o la dejación de funciones cometida por entes como El Banco de España a la hora de anticiparse a situaciones tales como las desencadenadas a tenor  del asunto de las preferentes) nos llevan irreversiblemente a dibujar un escenario en el que la más que evidente situación de coma permite mantener en estado de suspensión la vida del paciente toda vez que la franca irresponsabilidad que demostramos aquéllos que formamos parte del propio Sistema, lo promovemos cuando no lo justificamos, haciendo bueno el lema de que cada Pueblo tiene el Gobierno que se merece.

Pueblo y Gobierno, dos conceptos hoy por hoy impronunciables, hasta el punto de que resulta complicado ubicarlos de manera coherente en una frase (iba a ceder a la tentación de poner en una oración.)

Todos los puentes se han caído. Los nexos se han roto. La ficción en la que hemos permanecido cómodamente instalados desde 1978 se ha venido abajo, dejando traslucir el cambalache desde el que todo estaba montado. Y lo que es peor, lo ha hecho para dejar a la vista los hilos desde los que se movía a las distintas marionetas.

La función se terminó. Decía uno de los grandes que lo que diferencia una gran obra de teatro, del resto de obras, es la sensación con la que a la mañana siguiente se despiertan los espectadores. Si la realidad te abochorna, es porque el teatro es más creíble. Y a tales ciernes nos mentamos, a las del proceder según la cual, tirando de esquemas y preceptos hasta ahora viables, hemos de esperar a que mañana vuelva a haber función.

Pero no, como ocurría con La Barraca, precursora luego de tantas otras, la única certeza que podemos tener una vez finalizada la actual función, es la que pasa por saber que mañana habrá carretera y manta.

Será entonces cuando, en un nuevo alarde de profesionalidad, algunos actores lleguen a plantearse la posibilidad de volver a trabajar a cambio de nada. Renunciarán, una vez más, a su sueldo, considerando que, en base a esos oscuros principios que por otra parte traducen lo más profundo de nuestra conciencia, el mero hecho del placer por la labor bien cumplida, será suficiente premio, aunque solo sea para disimular que la incapacidad de afrontar la realidad, constituye por otra parte un castigo inmerecido.

Nos rendiremos de nuevo, una vez más, al Parnasianismo. El Arte por el Arte, como constatación efectiva de otra más de las múltiples ocasiones en las que el Hombre magnifica su propia diferencia, haciendo buena, una vez más, su incapacidad para definirse a sí mismo con absoluta certeza.

Y entonces, puede que vuelva a salir el Sol.



Luis Jonás VEGAS VELASCO.

martes, 4 de junio de 2013

PARADOJAS DE LA ACTUALIDAD: “EL EXTRAÑO CASO DEL DR JECKYLL Y EL SEÑOR HYDE.”

Nos sorprende la actualidad, conmocionándonos hasta el extremo de logar enfrentarnos a nuestros miedos con armas aparentemente modernas, para luego comprobar que, no obstante, el origen de los mismos se encuentra poderosamente enraizado en nuestro más indolente pasado. Se conforma así la obra de RL STEVENSON, sin duda como uno de los fenómenos más importantes de cuantos tuvieron lugar en la Literatura del Siglo XIX, ampliando esta afirmación no solo al campo de lo atinente a lo escrito en Lengua Inglesa, sino que sin el menor género de dudas, podemos extender la afirmación a todo el territorio conceptual de La Vieja Europa.

Tanto es así que, además de constituir sin duda una de las obras culmen en el catálogo de su autor, nada más y nada menos que R. L. STEVENSON, resulta importante constatar que la obra alcanzó fama incluso en lo que constituye el presente que le es propio, esto es, aún en vida del autor.

Si bien la obra se halla escrita en un tiempo coherente con el que forma el presente del hilo argumentar, la obra fue publicada en 1886; lo cierto es que tanto los innovadores conceptos que trata, como en especial el punto de vista abierto desde el que los trata, llevaron irreversiblemente al autor a esconder, o más bien a disimular, el alto coeficiente emocional, pero sobre todo de conciencia, que rodea e incluso protagoniza la obra.

Escrita en plena Época Victoriana, la predisposición netamente psicológica de la obra, choca de plano con unas concepciones formalistas propias de la época en relación a las cuales las obras del propio Dr. FREUD ya habían comenzado a levantar ampollas en el seno de una sociedad en la que el relativismo psiquiátrico resulta ser, poco menos que una exigencia.

Cerca de lo que luego será Trastorno disociativo de identidad, El/los personajes se moverán dentro de un áurea de misticismo más propio del hecho de que la época en la que transcurren tanto la acción como la redacción de la obra, obligan al autor a unos giros un tanto recargados, cuando no rocambolescos, destinados tal vez a no presentarse ante la sociedad, y en primer término ante su mujer (quien siempre leía sus manuscritos a modo de primera correctora); como un verdadero loco, cuando no como poco como un prisionero de sus propias ansiedades.

Ansiedades que sin duda proceden de un contexto, el propio de una época, que si en toda ocasión resulta imprescindible de analizar a la hora de comprender cualquier ejercicio al respecto, presenta en este caso una fundamentación mucho más espectacular, en tanto que en pocas ocasiones el efecto del contexto es no ya tan evidente, sino tan imprescindible.
Es así un momento en el que Europa es definitivamente presa de las convulsiones que proceden de su propio y evidente desmantelamiento. Las presiones filosóficas de las que viene siendo objeto, y que se manifiestan en la definitiva ruptura entre unas islas de Gran Bretaña aristotélicas, frente a un continente del todo platónico, dibujan un horizonte irreconciliable en el que la dialéctica presente en la interpretación de los efectos que el mundo metafísico tiene sobre el físico, adquiere connotaciones de toda índole, en especial en un momento en el que el marxismo, y su real pretensión de cambio del mundo mediante el trabajo, ha visto definitivamente la luz.

Y en medio, radical y sempiterno un NIETZSCHE que ya finalizada su época de atardecer, ha predispuesto sobre el cuadro de juego de Europa sus ideas fundamentales que en lo concerniente a nuestro interés son una vez más la idea de poder, y por supuesto la meta de El Superhombre.
Se esconde en realidad, detrás de todas estas afirmaciones, nada más, o nada menos que la tragedia del Hombre, manifestada a través de su dualidad, y del hecho de la discusión de que ambas no pueden convivir, ni en forma activa, ni pasiva. Una ha de destruir a la otra, aún a sabiendas de que la necesaria convergencia en un solo cuerpo, convertiría el asesinato en suicidio, fomentando con ello la idea de que no hay eterno retorno, sino suicidio en forma de dialéctica en este caso destructiva.

Se trata en definitiva, de la manifestación consuetudinaria por excelencia, propugnada por el Universo Wagner, y que tiene en El Anillo del Nibelungo, su máxima expresión.
Es la aproximación estética por antonomasia al debate dialéctico que enfrenta por un lado al componente dionisíaco, con el componente apolíneo.

Es una vez más, la eterna discusión interna que preside la vida de todo hombre. Es la parte dionisíaca la que tira de nosotros en pos de la consecución de lo que denominaríamos satisfacción carnal de los placeres. Encarna pues el gusto por la vida, el Carpe Diem por excelencia. Coged las rosas mientras podáis.
Pero esto entendido dentro del ejercicio de responsabilidad que conlleva el saber que todo se desarrolla como decíamos dentro de una partida de ajedrez atemporal, en la que además el tamaño de los escaques es inmenso, tanto que por otra parte nos hace perder cualquier ilusión de perspectiva.
No se busca el placer inmediato, asociado a la versión de Baco. Se trata más bien de la concesión de franca autoridad a la voluntad de poder del Superhombre, aquél que intuimos en el Sigfrido de Wagner.

Y enfrente, en oposición si bien en este caso no tan franca, la razón apolínea. La razón como componente semántico, indiscutible y moral.
Una razón que subyuga al Hombre toda vez que lo somete a la consideración del modelo, de la copia, en pos de la aceptación del modelo perfecto, y por ende ilusorio, que es la idea de Dios, y de todo lo que en relación al Hombre, del mencionado procede.

Mundo de las ideas, frente a mundo de las sensaciones. Física contra metafísica. El cambio permanente, contra el inmovilismo. Emociones en forma de gusto por la vida, frente a castración emocional en forma de subyugación frente a los ídolos.

Como no puede ser de otra manera, la constatación de que lo horrible produce enorme satisfacción, máxime cuando se identifica plenamente como horrible, lleva al individuo a una especie de trance derivado del placer que le proporciona el disfrute de la decisión de poder. Una decisión que le lleva a disfrutar sin saberlo del placer doble que proporciona por un lado el goce activo de la moral del líder, a la par que se contrapone y deja atrás la moral del esclavo, débil, incapaz y en cualquier caso gregario, por ello no merecedor por supuesto, de las mieles que por otro lado si que disfrutará el Superhombre, el cual, una vez rotas todas las ataduras con lo platónico, manifestará lo dicho por Zarathustra: “Yo no he venido a matar a Dios. Vengo a anunciaros que Dios ha muerto.”


Y en medio, la responsabilidad como única atadura razonable, la cual a la sazón trae asociada la muerte, en forma, como no podía ser de otra manera, dialéctica. El asesinato de uno, conlleva el suicidio del otro. Y no se trata de nihilismo, toda vez que se lleva a cabo mediante la constatación de una fuerza externa a aquél que la lleva a cabo.


Luis Jonás VEGAS VELASCO.

martes, 14 de mayo de 2013

DE LAS RELACIONES DE PODER, DEL CABALLO EN LA HISTORIA DE CASTILLA.


Puestos a reflexionar sobre la relación que el hombre ha mantenido con el caballo, a lo largo de toda la historia, pronto nos encontramos con que la misma, ha constituido sin el menor género de dudas, una de las más fructíferas de cuantas la humanidad ha emprendido.
Desde tiempos muy remotos, acechados por los hombres tanto en las estepas de África, como en las paredes de las cavernas de las primeras manifestaciones de Arte Rupestre; el caballo fue primero cazado como una más de las fuentes de alimento, para pasar luego a compartir con el Homo Hábilis, uno de los momentos más importantes de la Historia de la Humanidad, el que subyace al paso primero de la superación de la condición de nómada, dentro de la que el caballo, cómo no, jugó un papel trascendental, hasta llegar luego a la de sociedad “sumida” en el sedentarismo, momento en el que también para el paso a la condición de agrícola-ganadera, el caballo resultó imprescindible.

Superados esos  momentos, el paso de ambas especies por el mundo, y por la historia, ha corrido por sendas parejas, que a la par se han interceptado en múltiples ocasiones.

Centrados ya en términos de espacio y tiempos notoriamente europeos, y para más seña españoles, hemos de decir que la llegada a España del invasor Árabe a principios del Siglo VIII, supuso, como en tantas otras cosas, toda una revolución tanto conceptual como práctica.
Al caballo bretón que se montaba en Asturias, fuerte, pesado, enorme a la par que lento, los musulmanes opusieron un caballo ágil, de líneas sutiles, dispuesto no para el cuerpo a cuerpo, sino para la escaramuza.
No sería aventurado decir que por ahí hemos de buscar una de las causas del rápido progreso de los musulmanes, precisamente hasta la misma Cornisa Cantábrica.

Situaremos al principio del siglo XI, el momento en el que la leyenda ubica la existencia del que se ha dado en llamar Diego de Malagón. Oriundo de la tierra de la que procede su nombre, en la actual Ciudad Real; éste Diego constituye una de esas clases de personas surgidas por la lógica socio-afectiva, que tiende a enfrentarse con las imposiciones políticas, sobre todo cuando éstas carecen del sentido común imprescindible, o incluso están dictadas por la soberbia religiosa.
Joven culto formado en las dos religiones, Diego pronto manifestará una aptitud especial en su trato para con los animales, capacidad que se pondrá de manifiesto en especial para con los caballos.
Esto le valdrá para ser uno de los extraños casos de cristiano aceptado en la Escuela de Albéitares de Córdoba, o lo que es lo mismo, a beber directamente de la fuente de la que beberán todos los que quieran llegar a ser algo en la tradición que en Castilla será muchos siglos después, el proceder de los veterinarios, que no serán Real Cuerpo hasta el reinado de Felipe III.
Pero más allá de todo lo dicho, Diego de Malagón pasará a la historia como el inductor y principal ejecutor de la Gran debacle, nombre con el que los musulmanes de Al Ándalus conocen el episodio del robo de yeguas de principios del milenio pasado.
Constituía la cabaña equina del Sultán, su gran orgullo. Pero de lo que más orgulloso estaba sin duda era de sus más de mil yeguas de pura raza para las que tenía dispuestas varias miles de hectáreas en lo que hoy son los terrenos de Doñana.
Territorio inexpugnable para propios o extraños, la vigilancia corría a cargo de más de trescientos almorávides, lo más selecto y salvaje de la guardia pretoriana, que no dudaban en usar el permiso de dar muerte sin paliativos a cualquiera que osara importunar de cualquier manera a las bestias.

La tradición fija en ciento trece las hembras que finalmente fueron esquilmadas, y que ahora sí sin el menor género de dudas dieron lugar de una u otra manera a los ingentes caballos españoles que formaban en la caballería que con Alfonso VIII golpearon a las tropas invasoras en Las Navas de Tolosa, en julio de 1212.

Caballos casi perfectos, propios de los dioses, el caballo español de porte seguro, cuello fuerte y maniobrabilidad sensacional, lleva en su sangre la de las yeguas de las marismas del Guadalquivir, mezclada con la de la fuerza  y la templanza del caballo europeo.

La mezcla, le llevará a correr por las praderas de un Nuevo Continente, en el que llevado por los conquistadores, no se le conocía, si bien pronto se adueñó de aquellas praderas, adoptando la forma de mesteño, bajo la que los propios indios americanos desarrollarían sus propios cruces.

Mientras, en el Antiguo Continente, Carlos I, pero sobre todo Felipe II, han comprendido la importancia tanto militar como diplomática del pura raza española. Es así que, bien en forma de beligerante máquina de luchar que lleva a los soldados de los tercios por Europa, como en forma de regalo diplomático destinado a agradar a propios y extraños en las cortes europeas; el caballo español se adueña de Europa, a la que conquistamos en realidad a través de sus cuadras.

De ahí precisamente que Felipe II institucionalizara la cría protegida de caballos de raza española, ubicando las sedes en Córdoba, Sevilla y Granada, poniendo al frente nada menos que  a Don Diego López de Haro, uno de los Grandes de España con más solera familiar de cuantas pudieran ser en el momento reconocidas.
Su comercio está taxativamente prohibido, como seguirá estándolo con Felipe III, con el que además se prohibirá expresamente todo trato o acción con estos caballos al norte del Río Tajo.

Es precisamente nuestra ubicación dentro de semejante demarcación, la que nos permite aseverar que sin el menor género de dudas, muchos de nuestros actuales ejemplares, poseen sangre de aquéllos remotos ejemplares.

Luis Jonás VEGAS.

martes, 30 de abril de 2013

DEL PARNASIANISMO NO COMO FUENTE DE RESPUESTAS, SINO COMO ÚNICA MANERA DE PLANTEAR LA PREGUNTA.


Es el Parnasianismo una estructura cultural propia del Siglo XIX, que tiene como principal característica la que se deriva de entender la acción propiciatoria del arte, como algo ingentemente válida en sí misma. “El Arte por el mero hecho del Arte”, es la máxima que encierra su esencia, y que en definitiva viene a preconizar la posibilidad de dotar al propio Arte de una característica de necesidad que en términos filosófico-esenciales bien podría decir que la estética, como bien exclusivo y a la sazón único aditamento realmente válido de la confección artística; constituiría en sí misma el único elemento verdaderamente indispensable en tanto que único verdaderamente esencial compositor de toda acción artística.

Aplicada semejante reflexión a los principios que hoy por hoy componen, cuando no definen, nuestra actual manera de concebir la vida política, así como los condicionantes expresos que por otra parte le son propios, bien podría venir a significarnos la comprobación somera del grado de perversión en el que, hoy por hoy, nos hallamos instalados.

Aceptar que el Arte tiene sentido en tanto que tal, bien podría constituir una exacerbación fruto de alguna clase de perversión destinada a destruir en el Hombre todo aquello que le es propio en tanto que confecciona su mundo intangible, constituyendo en esencia su otra realidad, precisamente aquella que no le es accesible a la estética.

Concebir, por otro lado, una política tan ajena al Hombre que no necesita aceptación por parte de éste, cayendo en el error fatal de pensar que la propia Política puede justificarse a sí misma sin necesidad de pasar por el filtro de la utilidad para el Hombre, o incluso llegar a pensar que puede llegar a desvincularse de éste convirtiéndose en un objeto contrario al propio Hombre; se convierte en algo tan absurdo que, a pesar de ello, ya encontramos huellas de intentos semejantes en la Historia, precisamente cuando el ingente Sócrates denunciaba a los Sofistas.

Por eso, cuando el otro día asistimos a la intervención de Soraya SÁENZ DE SANTAMARÍA con motivo de la Rueda de Prensa destinada en principio a hacer comprensibles las medidas tomadas por el Gobierno; conformando lo que a priori habrían de concebirse como la primera de una larga serie de medidas destinadas a terminar con esa lacra estructural que, hoy en día es para España el fenómeno social asociado al INEM, muchos, en realidad estábamos convencidos de estar en realidad asistiendo a una Clase Magistral de Parnasianismo.

Cuando la Política se ve definitivamente desposeída del sentido que la justifica, cual el de lograr orientar la vida y el proceder de los ciudadanos en pos de la consecución de objetivos moralmente aceptables para la mayoría; es cuando comprobamos que el fenómeno de sustitución de la casta política, por el endemoniado grupo de los sofistas, ha comenzado. Y generalmente se trata de un fenómeno inexorable.

Es entonces cuando la retórica viste sus peores galas, para aparecer teñida de mera dicción. A partir de ese momento los discursos pierden su sentido, al verse convertidos en simples retahílas, las cuales bien pueden ser interpretadas desde plasmas, en tanto que su vacuidad adquiera mayor grado si cabe en tanto que ni puede, ni necesita verse afectada por ninguna clase de emotividad.

Tiene además, como tal, el tiempo que le es propio. Surge el Parnasianismo como respuesta al Drama de la Generación del 98, esto es, como concatenación ordenada de conductas y pensamientos que le son propios; destinados a constriñir, en la medida de lo posible, el intenso trauma nacional que la España de finales del XIX hubo de afrontar.

Se trata en definitiva, de un estilo propio para un tiempo de crisis. Se trata por ello de un estilo, inherentemente ligado a la subjetividad del tiempo que nos ha tocado vivir.

Por ello, el abandono de responsabilidades, la absoluta certeza en la derrota, la satisfacción estética como única respuesta; bien podría componer, hoy por hoy, el único bagaje que le queda a este Gobierno a la par que, desgraciadamente, nos anuncia la que sin duda será una larga travesía del desierto toda vez que el abandono estético tiene un serio problema, al tratarse de una concepción subjetiva de una concatenación de efectos solo cuestionables mediante la sensibilidad, tan solo la muerte puede convertirse en elemento substancial de cara a demostrar la exactitud de cualquier análisis que se desee hacer al respecto.

El Parnasianismo nació como oposición manifiesta a Víctor HUGO. Algunos creemos que lo que logró fue afianzar más si cabe su figura.
La actual línea que hoy parece defender el Partido Popular pasa inexorablemente por seguir buscando culpables en la herencia recibida, en definitiva, en el Sr. Zapatero.
Al paso que van, poco falta que recupere la lectura de Los Miserables.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

lunes, 29 de abril de 2013

DE CUANDO EL PELIGRO NO ESTÁ EN PARAR, SINO QUE LO QUE DA VERDADERO MIEDO ES EL DEJAROS CONTINUAR


Dice CHÉJOV  “así, en definitiva, a veces es mejor detenerse y hacer el mal, que continuar aún a riesgo de ser francamente peor.”

La verdad es que, así visto, ciertamente que uno no solo entiende la línea que el Gobierno Rajoy ha decidido adoptar, sino que francamente casi la agradece.

Y es así que desde esta nueve perspectiva, que casi se comprende el espíritu desde el que la misma está desarrollada. Un espíritu destinado no tanto a hacer de la política del palo y la zanahoria su capital (tal extremo ya se ha visto francamente superado), sino que más bien nos lleva a considerar con nuevos ojos no solo la manera no solo propiamente de gobernar, sino incluso de comprender las nuevas formas de concebir las campañas electorales “al modo Rajoy”, esto es, comenzarlas cuando todavía se está gobernando, y lejos, muy lejos de toda o cualquiera cita electoral.
¿De qué manera entonces si no, hemos de entender la patética afirmación de que “nuestras pesimistas previsiones están hechas para que la realidad las deje en nada.”

Abandonando ahora ya sí de manera definitiva por hoy el nivel de la satrapía, me veo inexorablemente obligado a considerar con el rigor que se merecen, no solo las palabras, o mejor dicho el efecto de los silencios, con los que los tres mosqueteros nos deleitaron el pasado viernes, en el transcurso de la Rueda de Prensa habitual tras el Consejo de Ministros.

Lejos de detenernos ni un segundo más de lo necesario en analizar las perlas, lo cierto es que la única conclusión seria a la que propios, y también extraños (y es ahí donde radica precisamente el peligro), pudieron obtener la constatación expresa de que este Gobierno, definitivamente no tiene ni idea de hacia dónde va, arrastrando con ello, obviamente, al país.

Se diría definitivamente que nuestra pregunta, ha sido contestada.

Sin embargo, cuando en el transcurso de la comparecencia con motivo de la presencia del Presidente de Turno de la UE, el Sr. RAJOY nos desliza el comentario del “poquito de paciencia”, superada la mordacidad, o la desvergüenza si se prefiere, la verdad es que la locuacidad que da salir del plasma, le desata inexorablemente la lengua hasta llevarle al “El Gobierno sabe lo que tiene que hacer, y lo hará convencido.”

Ahora ya, no cabe la menor duda, el Gobierno no hablaba para tontos, sencillamente ya ha llegado a la fase de creer seriamente en su opción a modo de “Salvador de la Patria”

Es ahora cuando, inexorablemente, hemos de preocuparnos.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

lunes, 22 de abril de 2013

DE ÉTICA, MORAL, Y DE LA ILUSTRACIÓN COMO RESULTADO.



La Moral no es el reflejo de unos valores existentes fuera del Sujeto. Esa Moral no está en Dios, ni en la causa primera o substancia universal. La Moral es un acto que surge de la Conciencia Individual del ser Humano.

En cualquier caso, eso de dios, da que pensar.

El 22 de abril de 1724 nacía Emanuel KANT, y sin el menor género de duda posible, nacía el mayor genio crítico de la Historia del Pensamiento Moderno.

Constituye la obra del finalmente rebautizado como Inmanuel KANT, la Piedra de Toque a partir de la que vertebrar la explicación ordenada de la larga serie de acontecimientos que, a partir, o en torno a su figura, promoverán el desarrollo y consecución final de compromiso de lo que nos hemos dado en llamar Ilustración, toda vez que semejante periodo constituye en realidad, más que una concatenación de hechos históricos; la superación de éstos toda vez que el sentido a los mismos puede encontrarse en ellos mismos, acudiendo en cualquier caso no a su revisión individualizada, sino más bien desde la perspectiva sincrética que  de su aglutinación obtenemos.

Es así que nos encontramos ya en las mejores condiciones para establecer la primera de las múltiples relaciones que pueden establecerse. Si KANT es, a título de proceder, el más importante de los filósofos críticos del momento, y además asumimos su papel de precursor por antonomasia de la Ilustración. ¿Podemos pues afirmar que la  Ilustración surge como resultado de una labor crítica?

La pregunta no es para nada menor, pues plantea la cuestión para nada nimia de tratar de conceptualizar si la Ilustración surge por evolución de un concepto, ya sea éste original o derivado; o si por el contrario encuentra su origen a partir de la discusión derivada de la oposición a uno o varios de los elementos que conforman una estructura de pensamiento que naturalmente le precede en el orden histórico.

En pos de lograr el establecimiento de las relaciones lógicas, resulta imprescindible introducir, llegado este momento, que otro de los conceptos primarios a los que inexorablemente hay que hacer alusión cuando hablamos de Ilustración desde una perspectiva rigurosa, es el de Humanismo.
Es el Humanismo el resultado científico cuando no categórico, desde el que se concitan todas y cada una de las relaciones de oposición que se dan cuando el Hombre, en su más franca acepción, y siempre en el ejercicio cifrado en este caso en su necesidad de recuperar el tiempo y el espacio perdido, se enfrenta por primera vez de forma franca y directa, con la que por aquél entonces es la fuerza por naturaleza. Estamos hablando de la Religión.

Si en condiciones normales la discusión Filosofía Vs Religión puede ser forzada, en el caso de la oposición manifiesta a partir de los elementos que les son propios, a saber Edad Media Vs Ilustración; hacen esta lucha no solo franca, sino imprescindible.
Es así que, lo que en este caso se enfrentan definitivamente, no es tanto la Religión con la Filosofía, como sí en realidad el hecho de si el Hombre está o no autorizado a buscar por sí mismo respuestas más allá de los límites que Dios mismo se supone le impone.

Llegados a este punto, parece imposible negar la condición evolutiva que de la propia lucha de contrarios puede llegarse a obtener.

Y es precisamente de semejante lucha de contrarios, de la que KANT obtendrá una de las más productivas fuentes de energía de las que alimentar su trabajo.

Porque con KANT, podemos declarar oficialmente inaugurada la época de los pensadores ordenados “en tanto que tal”.
Es el momento sin duda, proclive a ello. La definitiva crisis del pensamiento Europeo, que ha permitido a las viejas corrientes medievales sobrevivir dando tumbos desplazándose por los viejos bastiones de la creencia cristiana europea; se ha venido definitivamente abajo, a modo de las murallas de Jericó, arrastrando a la Europa Política y Social a la primera de una sucesión de muchas crisis que amenazan no tanto con enfrentar al continente con sus miserias, sino que más bien puede conducirlo a su fin, al enfrentarlo con el vacío moral.

La superación de la Edad Media, aparte de un proceso largo y absolutamente tedioso, presenta el inefable riesgo de enfrentar a dejar a los hombre solos, en el más absoluto de los sentidos, frente al más terrible de los miedos, el que se ve precedido por la sensación de soledad formulada en la falta absoluta de referentes.
Será precisamente la modificación de estos referentes, en los que el absolutismo de los valores procedentes de la interpretación del dogma, se ve superado por el ejercicio crítico de la Ciencia; lo que lleve definitivamente a definir de manera clara aquello que compondrá los protocolos de referencia dentro de los cuales habrá de desarrollarse el ejercicio dialéctico propiamente dicho.

El resultado de tamaña concentración, tiene dos vertientes. Una es efectivamente resultante, y se cifra en las conclusiones que se relatan en la concepción del modelo Copernicano-Kantiano.
Otras, las más importantes tal vez, son de procedimiento, y se resumen en la transcendencia que se esconde tras el lema Sapere Audet (atrévete a saber).  La responsabilidad como límite fenomenológico de la Ética de Kant.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.