sábado, 16 de mayo de 2026
QUINCE AÑOS Y UN DÍA. DE “PODEMOS” A “PUDÍSTEIS”.
Quince años y un día, o lo que vendría a ser, según en qué contexto, la lectura de una sentencia judicial. Sólo habría que determinar, según los cargos, si adecuada a un Código Penal, o a un Código Civil.
Quince años y un día hace ya de lo que se dio en llamar el Movimiento “15M”. Y no se engañaban, en el fondo, nunca se engañaron; no en vano, la diferencia sociológica entre un movimiento y una revolución (…) pasa por entender que una revolución surge aparentemente sin más, no obedeciendo a causa sustancial aparente, por lo que fijar un periodo vital es absurdo, por imposible. (…) no obstante, un movimiento es algo acotado, que nace vinculado estrechamente a un objetivo, el cual determina en esencia su duración razonable. Una revolución es inexorable, un movimiento nace con fecha de caducidad.
De ahí lo acertado de “Movimiento del 15M”. Pues qué ha quedado del mismo a saber, una corte de zares y zarinas, y una caterva de adláteres desasosegados al ver que ya ni en La Corte de Galapagar son bienvenidos.
Mas imperdonable por absurdo sería si, una vez transcurrido un tiempo prudencial como el que ha pasado en el momento en el que nos sentamos a escribir estas líneas viniéramos a cometer los mismos errores, digamos de procedimiento, que a lo largo de los lustros se han venido a cometer cuando de Podemos venía a hablarse. Errores que podemos clasificar dentro de dos grandes categorías en las que unas veces entran los que minimizaban el efecto Podemos; y que en el caso contrario dotaban al movimiento de una génesis o de una suntuosidad igualmente injustificada. Paradójicamente, ambos, pese a parecer contrarios, proporcionaban la misma conclusión, la creación de un escenario en el que la obtención de cualquier conclusión mínimamente acertada resultaba poco menos que imposible.
Venía a decir mi madre que, a menudo, si quieres comprender el verdadero objeto de un proceso complejo, ya proceda esta complejidad de la acumulación de elementos que convergen en el mismo, o de la verdadera dificultad de los argumentos que intervienen en el mismo; detente un momento, dale tiempo, y observa a continuación la naturaleza de los efectos resultantes, o la de aquellos que se han beneficiado del mismo.
Desempeñado tal menester, comprobamos hoy cómo de aquella orgía propia de Calígula, aparentemente no queda nada. Mas no cedamos a la tentación propia de una lectura superficial, y detengámonos en los resultados, o más bien en los daños colaterales que de todo aquello han devenido.
Como en el caso del Concilio de Nicea, la transición entre el 15M y Podemos se lleva a cabo de una forma oscura por rudimentaria. Convocados ambos de manera aparentemente lógica, los respectivos procesos destinados a elegir a las figuras llamadas a dirigir ambos cónclaves resultan en ambos casos, esgrimidos casi como si nadie pudiera objetar. Así, la designación de Constantino el Grande para presidir las deliberaciones propias del Concilio parece casi indiscutible; no obstante, que un sujeto llamado Pablo IGLESIAS acabara como Vicepresidente en un Equipo de Gobierno al que en el fondo detestaba, es algo que merece un estudio más detallado y minucioso. En lo concerniente al resto, la génesis de Podemos y la de El Concilio de Nicea sí que guardan más aspectos en común, a saber “(…) y es que al Concilio llegaron unos 348, a saber los que pudieron resistir las penurias y calamidades de un duro camino, como éstas pueden afectar a un grupo de ancianos, la mayoría de ellos lisiados, pues como sabemos muchos habían perdidos la capacidad de usar las manos, otros había sufrido la amputación de algún miembro e, incluso, los había a los que les habían arrancado el ojo derecho.
Aquellos ancianos, los del Concilio, se reunieron con el sagrado deber de determinar cuál habría de ser, a partir de ese momento, la forma correcta de conducirse para decir que, de verdad, se llevaba a cabo una vivencia perfecta de la Tradición Cristiana. De parecida manera, los de Podemos se reunieron para determinar la que, a partir de ese momento, sería la manera correcta de conducirse conforme a los protocolos de la Correcta Vivencia Cristiana. Transcurrido el tiempo, podemos afirmar el fracaso de ambos intentos.
Otro elemento sociológico fundamental a la hora de valorar la calidad de procesos como los que hoy analizamos, pasa por esclarecer la atención que se presta a la existencia de enemigos cuya derrota influye en la conformación de un prestigio imprescindible para perdurar. El Cristianismo encontró en Arriano y sus seguidores al antagonista perfecto para describir de manera eficaz la certeza según la cual un mal proceder a la hora de interpretar las esencias del movimiento, redundan en una desazón que bien puede echar a perder todo lo demás. En consecuencia el Arrianismo fue extirpado de manera digamos pedagógica, no en vano todo, o al menos lo que quedaba del Imperio Romano de Occidente, interpretó el mensaje.
No obstante, en el caso de Podemos observamos uno de los más claros ejemplos de confusión a la hora de identificar al enemigo de cuantos han tenido lugar en los últimos doscientos años. Así, lejos de entender que el enemigo natural era La Derecha y el cúmulo de desarrollos que le es propia; el exceso de erudición de la corte zarista llamada a materializar la esencia de la nueva izquierda decidió que un análisis así resultaba cuando menos, demasiado simplón. Y fue entonces cuando decidieron que el enemigo era el Partido Socialista Obrero Español. Por haber dilapidado el componente esencia de una Izquierda que sólo ellos estaban llamados a monopolizar.
A partir de ahí, el silogismo resulta casi elemental. La regeneración de la Izquierda necesita de manera imprescindible la desaparición de cuantos hasta ese momento habían formado parte del desarrollo de la matriz conceptual derivada de las enseñanzas del Siglo XIX. Así, muchas formaciones o partidos fueron fagocitadas, unos porque melifluamente sucumbieron al canto de sirenas interpretado por la caterva, otros destruidos mediante procedimiento ruines como aquellos que sólo la Izquierda es capaz de desarrollar a la hora de destruir a los propios.
Pero en el caso del P.S.O.E había que dislocarse mucho la mandíbula a la hora de tragar la presa. Por eso era necesario pergeñar un plan con un único objetivo, que el socialismo español fuera borrado del mapa. El problema, el alto coste que ello implica. Os haré un resumen, cuando el polvo y el humo se posaron, sobre el campo de batalla no quedaba nadie.
Resultado, el descrito por G. ORWELL en su magistral “1984” cuando determina que en un escenario de confrontación inevitable, la mejor manera de evitar el conflicto es inventar la presencia de un tercero que garantice que el conflicto nunca estallará, pues si los otros dos pelean al tercero le basta con esperar y lanzarse finalmente sobre los despojos del que haya vencido, pues al estar debilitado, no podrá aguantar el envite del que ha estado observando, agazapado.
Seguro que os suena. Una formación como V.O.X impensable en España hace no mucho tiempo, surge y se amplifica a la sombra de un falso conflicto en el que el debilitamiento del P.S.O.E y la progresiva desaparición del causante de esta debilidad, trae como corolario la contaminación de todo el espacio epistemológico de la Izquierda, una contaminación que se observa en algo tan obvio como la constatación de que el voto protesta que otrora llenó la alcancía de Podemos, sirve hoy para promover a los cielos a una formación de extrema derecha.
Quiero pensar que es casual, el resultado de una mala medición. No obstenta…
Luis Jonás VEGAS VELASCO.
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